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Matilde debe morir, de Cristian Acevedo

Esta no es una novela, es una trampa. Si pasás de la advertencia ya no hay vuelta atrás. Vas a transportarte a otro lugar y tu vida se cruzará con la de otros lectores que, como vos, quedaron atrapados en el libro. En sus manos está la vida de Matilde.

Título: Matilde debe morir

Autor: Cristian Acevedo

Editorial: Bärenhaus

Año 2017

144 páginas


Sinópsis

Hallará en esta novela, amable y ocioso lector, características habitualmente atribuibles a ciertas prácticas lúdicas. Y usted reconocerá, a medida que avanza invariablemente de página, que ya no es un simple espectador, que no tiene permitido semejante privilegio y que no podrá escapar de la historia.

Entonces, presa de un reto ineludible, usted no tendrá otra opción más que abandonar su actitud de lector despreocupado. No habrá lugar para la pereza: para eso sobran los días, la desdeñable realidad.

Y, como ya hemos dicho que esta pequeña novela podría confundirse erróneamente con un juego —con un juego inocente y sencillo—, usted querrá jugar. Y será lógico que quiera ganar: en todo juego hay ganadores y perdedores, claro. De modo que se abren las apuestas. La banca le pone unas fichas a este tal Omar Weiler, este tal Cristian Acevedo. Pero sin dejar de vigilar al insulso de la mesa 4. Ese que será usted, y que también apostará. Incluso cuando se le indicará que esto no es un juego. Usted, que jugará incluso después de la advertencia inicial.


¡Qué libro difícil de reseñar! ¿Cómo hacer para no tirar spoilers y decite realmente lo que me hizo sentir esta novela? Lo terminé de leer hace un tiempito. Pensé en sacar la reseña para el número de noviembre de Huellas de Tinta (como hago siempre: mis reseñas se leen primero ahí y después acá), pero este libro no se merece una nota a las apuradas. No, no. Tenía que pensar bien lo que iba a contarte antes de sentarme a escribir. De todos modos, conmigo Matilde a aprendido a esperar.


Mi historia con Matilde

Cada vez que voy a capital (siempre pero siempre) dejo un poco de tiempo para ir a ver libros. Por lo general vuelvo a Gualeguay más cargada y también más pobre. En una de esas recorridas me topé con este libro. En algún momento de mi vida se me había ocurrido que quería escribir novela negra, y por eso deambulaba por la sección de policiales de las librerías y puestos. Me estaba pertrechando de literatura del género para cuando tuviera tiempo de ponerme a aprender. Bueno, la cosa es que me encontré con este librito y me llamó mucho la sinopsis porque me encantan los libros que narran en forma especial sus historias. La originalidad narrativa me conquista. Así que me traje a Matilde a casa y con la bolsita plástica y todo quedó en mi biblioteca así tal como lo había comprado.

Hace poco, navegando en Instagram, la cuenta de Terror Argentino compartió una reseña y me gustó mucho. Comenté que lo tenía en mi lista de pendientes y que lo iba a subir un poco. Recibí mucho aliento (inclusive del mismísimo Cristian Acevedo) así que por fin le llegó su turno. Anduve muchos kilómetros esa semana, pero en cada instante que podía, lo agarraba y me quedaba ahí atrapada.


Pensé si hacer o no un audio contándote la experiencia con este libro y al final me decidí, aunque eso me demandó como una semana más de atraso. Como sucede con esta historia, la cosa va de advertencias. No soy locutora, no hablo bien, me como las «eres» y aspiro las «eses» como buena entrerriana. Estás avisado. Allá vos si decidís empezar el audio. Si te arrepentís a la mitad… en realidad… si te querés salir… no pasa nada. Le das al stop y listo. ¿Hay consecuencias? Y sí. Te va a tocar seguir leyendo.

En menos de cinco minutitos, te cuento (o al menos intento) lo que me hizo sentir esta novela.

Imagen robada por una buena causa (al estilo Robin Hood) de la página de la Editorial Bärenhaus

Mi historia dentro de Matilde

Acá viene lo complicado. ¿Cómo hablar sin decir de más? El flyer afanado plantea la incógnita de quién mató a Matilde, yo me pregunté por qué la mataron. También dudé de si en realidad Matilde estaba viva, y quise saber si no era mejor salvarla. Me hice todas estas preguntas (aunque no en ese orden) y otras mil más.

He leído novelas narradas en segunda persona, pero nunca una en la que el lector sea el protagonista. No, no es ni parecida a los libros de elige tu propia aventura, porque el lector está todo el tiempo consciente de quién es, de lo que está jugando, es voluntario.

Ahí es donde usted se ubicará. Caminará hasta esa mesa y se ubicará en ese personaje. No a un costado, no frente a él. Sino en él.

Advertencia, capítulo I, página 13.

¿No se entiende a qué me refiero? Bueno, che, yo avisé que era difícil hacer esta reseña.

La experiencia de entrar en el mundo de Matilde no se parece a nada conocido, y a la vez, sí lo es. Te metés en un lugar común, un café en una esquina como tantos otros cafés de Buenos Aires o cualquier otra ciudad grande. Y también te estás metiendo en una historia ajena, en un cuerpo ajeno. Así son las cosas. Si querés saciar la curiosidad, saber quién es Matilde, qué le pasó y por qué: tenés que leer. Y cuanto más lees, peor es. Ya no podés salir.

Y eso que estabas avisado.

(…) si usted decide ubicarse en el lugar de aquel hombre, deberá asumir las consecuencias. Este y no otro es el momento de decidirlo. Si avanza una línea más, no habrá posibilidad de arrepentimientos.

Advertencia, capítulo I, página 14.

La novela está escrita para funcionar como la trampa perfecta. Está narrada de tal forma que uno se mete realmente en el personaje, tiene sus intrigas, comparte sus temores, sufre sus inseguridades. Y sufre, y sigue sufriendo. Llega un momento en que te agobia, te asfixia, pero no podés cerrar el libro y ya está. No. Porque sentís que todavía estás ahí adentro, sufriendo. Necesitás que el autor te libere, te deje ir. Necesitás (o crees necesitar) algún tipo redención que te permita respirar después de la próxima página, y como no llega seguís y seguís leyendo desesperado.

Este libro te vuelve masoquista, porque a pesar de todo se disfruta mucho. La originalidad, el humor, lo atrapante de la historia y los cuentos que se cuelan dentro de las páginas.

¿Y todo eso qué tiene que ver con Matilde? Y… no sé. Me parece que ella no es más que la carnada. Entonces, Matilde ¿debe morir? ¡Yo qué sé! Solo soy el insulso de la mesa 4. Andá a preguntarle a Omar Weiler.


Mi opinión sobre el autor

Creo que este hombre acaba de crear un nuevo género literario. Me encantaría llegar a escribir una historia así. Ni de cerca tan buena, pero por lo menos intentaría crear la intriga, sumergir al lector y después darle el golpe de gracia. Además, Acevedo tiene un humor muy particular. Se me hace que, personalmente, es de esas personas que nunca sabés si te están hablando en serio o es joda. Especulaciones mías.


Lo que la editorial dice del autor

Cristian Acevedo nació en Buenos Aires en 1980. Parte de su obra literaria ha sido premiada en diversos certámenes: Segundo premio en el Concurso de Cuentos de la Fundación Victoria Ocampo, “Nelly Arrieta de Blaquier 2014”. Primer premio en el Gonzalo Rojas Pizarro de Cuento 2013.

En 2014 publicó Canibalísmico, bajo el sello Expreso Nova Ediciones.

En 2015, la editorial Letras Cascabeleras (Esp.) publicó su segunda antología: Indignatarios.

Recientemente ha publicado Sommelier de infiernos, tras haber resultado ganador de la Convocatoria de Narrativa 2016 de Baltasara Editora.

Además de participar en diversas antologías, ha publicado sus relatos en distintas revistas culturales de habla hispana: La Balandra, Colectivo Cultural Manuzio, Vanity Press Magazine, Revista Almiar.

A la fecha, su novela Omar Weiler merece morir permanece inédita.

Pueden encontrar al autor en Facebook, Instagram, incluso en Goodreads

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